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miércoles, 30 de junio de 2021

Alma

Fotografía tomada de Pinterest.

Te quise conocer y no llegue a comprenderte.
Te quise escuchar y nunca aprendí a hacerlo.
Te quise tocar y no supe aprender cómo.
Te quise sentir pero no existía el tiempo.
Te quise toda para mí y te dejé en la oportunidad.
Te quise desde lejos y estando cerca.
Te quise arreglar y parecías oxidada.
Te quise con curvas y sin ellas.
Te quise con altos y bajos.
Te quise con todo y conmigo.
Te quise de todas las maderas.

Ahora otros dedos tocan tu cuerpo.
Ahora otras manos te sostienen.
Ahora otros momentos creas.
Ahora otras melodías generas.
Ahora otro te aprovecha.
Ahora otro te posa sobre su pierna.
Ahora que ya no estás...
Ahora te echo de menos.
Alma.

Mi guitarra.

jueves, 24 de junio de 2021

Los hombres no lloran

"Transporte público: Servicio de una ciudad que puede ser utilizado por cualquier persona para trasladarse de un lugar a otro a cambio de una cantidad de dinero." Así lo define la Internet y para ser sincero ese es su real significado, aunque para algunos el transporte público puede ser su momento de cercanía consigo mismo, pensar en emociones y sentimientos tormentosos o tranquilos, recordar buenos y malos momentos, el transporte público puede ser un medio de escape más aún si vives en una ciudad grande como Bogotá.

Salí de mi casa rumbo a mi universidad que para ser Bogotá queda "literalmente" cerca; cuarenta minutos, un transbordo, dos estaciones de Transmilenio. Mi viaje empieza desde el portal que a eso de las diez u once de la mañana puedes (con suerte) sentarte en una de las sillas, era uno de esos días, un día con suerte. Al articulado como solemos llamar al Transmilenio que es el medio de transporte de mi ciudad, se sube gente de todo tipo; blanca, negra, amarilla y muchos arrugados en sillas azules. Sin querer ser grosera, cada quien tiene su color, su matiz.

Me senté y como de costumbre la música en mis oídos sonaba más alto que la gente hablando de sus problemas, del vendedor informal que sin ánimo de incomodar a nadie los incomoda a todos, de la mujer embarazada pidiendo una silla para sentarse, de los jóvenes bullosos con esos parlantes del demonio que tanto odio, la que siempre habla por celular medio trayecto entre otras tantas conversaciones no interesantes que se pueden encontrar en Transmilenio. Me senté en una de esas sillas en las que tienes otra silla enfrente, por ende tienes a una persona sentada justo delante de ti, casi a la misma altura de tu cara, acomodando las piernas ambos para no entrelazarlas tipo cena romántica en mesa pequeña, la situación más incómoda que vives en el día.

En la primera parada un hombre se subió y se sentó delante de mí, ni prestándole atención seguí mirando hacía la ventana, el día estaba oscuro con una brisa amenazadora de lluvia, perfecto para quedarse en casa. Yo, tenía que ir a la universidad.

Your love is like a studded leather headlock, your kiss, it put could creases in the rain... sonaba en mis audífonos, esa cancioncita de Alex Turner que tanto me gusta 'Suck It and See', en versión acústica claro. Distraída un rato, miro al frente para ver quién es mi acompañante de transporte, ese hombre que se subió y se sentó delante de mí. Tenía el brazo apoyado en la ventana, el puño firme contra su boca y los ojos llenos de lágrimas.

Siempre trato de sentir lo que siente la otra persona para poder entenderla, pero ese hombre era un completo desconocido, no tenía más que solo imaginar el pesar por el que estaba pasando, ¿un hombre llorando en pleno transporte público? Sumiso a la mirada de los demás pasajeros, lleno de rabia o tal vez era tristeza, o quién sabe de pronto es de aquellos que lloran de felicidad, aunque su rostro lánguido y cejas arrugadas demostraban otra cosa.

No quise parecer intimidante pero no podía dejar de verlo llorar, tan pocas veces he visto hombres llorando y es que con ese letrero los entrenan ¿no? "los hombres no lloran", me pareció fascinante ver cómo con los ojos abiertos dejaba escurrir las lágrimas en sus mejillas, ni se molestó en cerrar los ojos y secarse, por un momento quise meterme en su cabeza y pensar lo que estaba pensando, pues su mirada hacía el ventanal era de aquellos a los que los pensamientos les juegan malas pasadas en momentos del día.

Un movimiento... su mochila sucia y algo vieja, sacó una hoja de papel y ahora las lágrimas se dirigían allí, no pude descifrar ni una sola palabra pero sí descifré que como pura película trágica era una carta, a puño y letra, corta, breve. Tal vez ese era el significado de su llanto, pues cuando terminó de leerla supongo, la apretó entre su mano arrugándola igual que su corazón.

En eso él me miró, vi sus ojos directamente con los míos, sentí como se me calentaba la cara, me incliné a la ventana como quien no había visto su dolor. Tomó sus manos y se las pasó por la cara, forzándose a dejar de llorar, a dejar de sentir, cerró sus ojos e inclinó su cabeza hacía atrás, se sentó derecho y puso su cara seria, enojada, frustrada, sus ojos ahora estaban llenos de rabia y rojos del llanto, se forzó a no demostrarme llanto, eso que nos hace humanos.

Me miró de nuevo y le esbocé una sonrisa de labios y ojos preocupados, me devolvió la sonrisa de labios y ojos tristes... como si no supiera qué estación era se bajó, así sin más, lo vi a través de la ventana, vi cómo caminaba hacía la puerta de espera de Transmilenio que va en dirección contraria, como si se estuviese devolviendo a reparar aquella que había roto, aquello que lo había roto.

Nunca más lo volví a ver subirse de aquella estación, ni bajarse a otra. Entendí que "las penas de un hombre son solo suyas" y también entendí que los hombres sí lloran y que su llanto está lleno de sinceridad pues en su mirada lo notas, aún más si es en el transporte público.

lunes, 15 de junio de 2020

Vas a bailar

Fotografía tomada de Pinterest.


—Los dejaré solos unos minutos...
—Gracias Denisse —le dije mientras volteaba a verte— Desde el primer momento en que te conocí supe que serías el amor de mi vida. La luz de ese infinito y oscuro hoyo en el que siempre había vivido. Nunca pensé que tú y yo viviríamos felices por siempre, yo nunca lo pensé porque mi vida siempre había sido una guerra que no daba tregua y todos los días tenía que intentar detenerla peleando conmigo mismo. Estaba cansado, cansado de tener que estar preparado para todo y preparado para nada, mi lugar en el mundo no tenía lugar, mi casa no era mi hogar, mis pensamientos no traían tranquilidad y mi vida no era vida... pero tú, cuando te conocí, lo transformaste todo. Ya no tenía una razón para seguir peleando o seguir en aquel hoyo. Cuando te conocí, conocí todo lo bueno que la vida podría tener o ser para mí.
       ¿Recuerdas la primera vez que nos separamos? dos años juntos no fueron suficientes, parecía que no podíamos el uno con el otro y cuando nos alejamos fue como si me hubiesen empujado de cabeza al vacío. Me sentí tan solo y vagabundo. Fue un tiempo de excesos y desenfreno que eran necesarios para darme cuenta de todo lo que tenía y cuando fue el momento y quería volver, tú también querías hacerlo, porque siempre estuviste allí esperándome.
       Despertar contigo todas las mañanas ha sido lo más gratificante que me pudo pasar, despertar y ver a nuestra hija aún más. Luchamos mucho por ella ¿te acuerdas? pensamos que no lo íbamos a lograr, lo intentamos muchas veces pero aquí está y seguirá estando para nosotros, Mila seguirá estando para nosotros, es nuestro pequeño milagro, así la llamaste ¿te acuerdas? Esa tarde que nació mientras la sostenías en tus brazos con tu carita llena de lágrimas de felicidad. Nos congelé en una foto.
       Quisiera devolver el tiempo y aprovechar cada segundo que vivimos juntos porque el tiempo ahora no será suficiente para ninguno pero por sobre todo para mí. Devolver el tiempo a cuando te conocí y vivir todo nuevamente para poder cambiar este destino que nos tocó. Nunca te había sentido tan cerca y tan lejos a la vez, pero ahora entiendo que así es la vida y que aquella está llena de certezas y desventajas, que nos da como nos quita, mi vida. En todo momento y en cualquier lugar. 
       Tengo la seguridad de que aquí como en el cielo te tendré presente, en cada paso que Mila dé, en cada paso que dé yo, detrás estarás tú, como un ángel que nos guiará. Lamento haber llegado tan tarde para salvarte, lamento no haber sido yo el que se llevara el auto, lamento no decirte que fueras por otra carretera, lamento toda las veces que no te dije cuánto te amaba. Lo siento más que nunca, vas a bailar desde el cielo Sol —dije con el corazón en la mano.
—John... Tienes que descansar, vamos, volvemos mañana temprano hasta que sea el momento.
—¿Por qué Denisse? ¿por qué no fui yo en vez de ella? —le pregunté.
—No tenías que ser tú, ni ninguno de nosotros. Fue un accidente, nadie lo sabía —me respondió con su voz casi tan quebrada como mi alma mientras se acercaba a mí.
—La amo Denisse, no quiero que se vaya... 
—Ya se fue John —las lagrimas ya no nos alcanzaban más— Mila está preguntando por su papá y debe irse a dormir. Vamos, no lloremos más y vamos a descansar.
—Volveremos mañana.
—Sí, volveremos mañana. 
—Adiós mi vida —le dije al cuerpo sin alma que yacía en aquella caja de madera— quiero pensar que todo esto es una pesadilla y que mañana voy a despertar ¿no es así? 
—Así es John —mintió Denisse.
—Vas a bailar Sol, vas a bailar.

lunes, 24 de febrero de 2020

El amor después del amor

Fotografía tomada de Pinterest.

—¿Lisa? —la miré casi de frente.
—¿Cristobal?

No la había visto en mucho tiempo, seguía igual. Sus ojos, su boca, su nariz, su cabello... siempre fue tan hermosa como las tardes bogotanas, cuando no hay nubes negras si no un cielo azul y el sol que arde como el infierno pero cobija como nunca. Así siempre la vi a ella.

—¡Vaya! Tiempo sin saber de ti, sin verte... ¿cómo estás? —le dije.
—Muy bien, muchas gracias. Hace mucho tiempo ¿tú... cuándo volviste de viaje? Yo pensé que ya habías olvidado cómo regresar a Colombia —reí entre su frase— ¡Es un milagro esto!
—Lo sé Lisa, esto no pasa todos los días ¿quieres almorzar algo conmigo? 
—Estoy un poco de prisa...
—¡Anda! No vamos a demorarnos, además tengo que contarte cómo encontré el camino de regreso a Bogotá.
—Está bien Cris —me sonrió.

Ya había olvidado cómo se veía su sonrisa, después de tanto tiempo lejos de casa olvidas algunas cosas, y para eso me había ido del país; para olvidar. Por mi suerte me aceptó el almuerzo, hace cinco años no hubiese pasado así, ni tampoco la hubiese invitado. Sigue caminando igual, con una leve inclinación en su pie izquierdo y con sus manos sostenidas una con la otra por la espalda mientras mira el piso. A veces pensaba que contaba sus pasos.


* * *

—¿Y cómo fue tu viaje por Argentina? —me preguntó.
—Me ha ido bastante bien, pude estudiar algunas cosas, conocer el país; de todo Argentina me quedo con Mar del Plata, te hubiese gustado mucho... es precioso, el puerto a veces es un desastre pero en la noche es desde donde mejor se ve el cielo. Te hubiese gustado.
—Claro, imagino el lugar. Me alegra que hayas tenido esa experiencia... mucho tiempo ¿no? 
—Sí, fue un buen tiempo —nos quedamos en silencio y confundidos— pero bueno, ya estoy de vuelta, volví para navidad; ya sabes cómo es mamá de loca con esas fechas, no quería a su hijo fuera del país un año más así que he decidido volver.
—¡Sarita, sí! Tu mamá siempre tan emocionada por época decembrina. 
—Sí, así es ella. 

La última navidad que compartimos juntos fue unos meses antes de irme. A veces no sabíamos qué dar para navidad y nos peleábamos por querer comprar presentes diferentes, pero cuando llegaba el momento de envolver y empacar, todo cambiaba y sabíamos que habíamos comprado los regalos perfectos. 

—¿Qué desean ordenar? 
—Aún no lo sé, dame un momento —dijo ella viendo la carta por mil vez.
—Ya te aviso —le dije a la mesera, pasando unos segundos...
—¿Y qué hay de nuevo en tu vida Lisa?
—Todo va muy bien, he trabajado muy duro estos años... ya compré mi apartamento.
—¿Compraste apartamento? ¿por la 106?
—Sí, por la 106. Tú sabes, cerca a mis padres. Mi hermana Antonia tuvo un bebé hace poco, es un niño se llama Juan David.
—Juan como tu papá.
—Sí, Juan como mi papá. Es un niño precioso, lo conocieras —me dijo.
—¡Qué bonito! Nunca pensé que Antonia tendría hijos, siempre fue apartada de ese tema.
—Bueno pues se enamoró y por lo que pasó dejó de cuidarse, yo creo que lo estaban buscando porque sí, ella no era de esos aires pero está muy feliz.
—¿Y tú Lisa? —le pregunté directo.
—¿Yo qué?
—¿Tú eres feliz? —agachó su rostro sin responder.


* * *

Siempre me pregunté qué había sido de su vida durante el primer año, y nunca tuve respuesta de nadie... nadie la veía, a nadie se encontraba y solo pasados doce meses en Argentina me hablaron de ella, pareció que la que se había ido de Bogotá había sido ella y no yo. 

—Yo no tengo la culpa Cristobal, las cosas se dieron.
—Bueno pues tú lo sabes más que yo, te casas con Arturo ¿no?
—¿Ahora sí listos para ordenar? —dijo la mesera.
—El menú del día —dijo Lisa.
—Lo mismo para mí.
—¿Desean otra bebida o el jugo está bien? 
—El jugo está bien —dije sin pensar para que se fuera.
—Agua por favor, gracias.

Habían pasado cuatro años y medio en Argentina cuando me enteré. Lisa y Arturo se iban a casar para febrero de 2020, la pude imaginar inmediatamente... tan feliz pero tan asustada, siempre lo quiso, siempre lo planeó, siempre lo pensó, siempre, toda su vida. Nunca se lo pedí.

—Entonces, ¿te casas con Arturo? —suspiré y dije entusiasta.
—Sí, en febrero. Ya está casi todo listo, estoy muy contenta de hecho.
—¡Qué bueno! Me alegro por ti —le dije— tan rápido te olvidaste de mí —lo pensé.
—Sí, gracias... —me dijo para empezar un silencio incontrolable e incomodo.

—Buen provecho —dijo la mesera que traía los platos. Muy rápido para la situación.

Nunca pensé que volvería a Colombia por Lisa, pero cuando lo supe mi corazón quedó paralizado en el tiempo. Llegué en diciembre y estamos a enero, solamente hasta hoy la estoy viendo, y por casualidad, por la calle tal vez buscando cosas para su boda o pensando hacer algo que no tiene nada qué ver conmigo. Total, si se va a casar ya me tuvo que haber olvidado ¿cierto? 

—Te escribí...
—¿Cómo Cris? —me preguntó con comida en la boca.
—Te escribí muchas veces, te busqué estando en Argentina —se quedó mirándome como si le hubiesen lanzado un balde de agua fría— lo siento, de seguro eso ya lo sabes.
—Lo sé. Lo sé muy bien. Estaba destruida Cristobal, simplemente no quería saber nada de ti, te fuiste a los pocos meses de terminar ¿qué pretendías?
—Tal vez ese fue un error pero no dijiste nada cuando lo supiste, ni siquiera preguntaste por mí o accionaste para hacerme volver —le dije, casi con rabia.
—¿Qué? ¿también querías que te rogara por eso? ¿que te suplicara que volvieras? ¿para qué? Nosotros ya no eramos nosotros y no había nada qué hacer.
—Sí habían cosas qué hacer...
—Eso no nos sirve ahora Cristobal, pasó mucho tiempo.
—No ha sido tanto tiempo Lisa si todavía sigue doliendo como si fuera ayer, dime... ¿eres feliz? 
—Creo que lo mejor es que me vaya... —se levantó de la mesa, casi con todo servido.
—¡Espera! Por favor, hablemos con calma.

* * *

Nunca quise lastimarla, siempre la amé lo que nunca me amé a mí mismo, pero era tan intensa, ni ver al diablo la hacia cambiar de opinión, yo quería chocolate y ella café, yo quería salir y ella estar en casa... pero la amaba, la amaba tanto que no me veía sin ella y dejé muchos de mis planes para seguir junto al amor de mi vida, hasta que me di cuenta que no queríamos las mismas cosas y todo empezó a cambiar, a terminar y así es aún más difícil porque no terminas por dejar de amarle o dejar de disfrutar su espacio, terminas porque simplemente así tiene que pasar y eso duele. Hasta el fondo. 

En Argentina casi acabo con los bares, me costó mucho dinero en licor y un accidente en auto para poder entender que ya había terminado. Me fui porque necesitaba irme, quería conocer, quería viajar, quería estudiar, quería olvidar y al año de estar ahí, 365 días después y creo que unos meses (por hacer mal las cuentas) Arturo, mi amigo de la vida; me habló para platicar de lo enamorado que estaba de Lisa y de que todo había sido por accidente, de lo inesperado que fue.

No volví a saber de él después. No me regresé pronto a Colombia.

—Arturo estuvo conmigo todo el tiempo que estuve mal, como un amigo. Yo nunca pensé que iba a llegar a amarle ni mucho menos a estar con él...
—¿Le amas? —le pregunté al sentir el puñal en el pecho.
—Cristobal... —me miró casi con los ojos apunto de sacar unas lagrimas, subió y bajó los hombros y me dijo— ¿eso te importa ahora? 
—Sí, porque tú vida sería muy infeliz si te casaras con una persona que no amas en realidad.
—Sabes Cristobal, cuando Arturo me propuso matrimonio le di un sí sincero y de corazón... y por alguna extraña razón, después de tres, cuatro años sin saber de ti, vi tu cara en él en ese momento, pero tú no querías casarte, comprometerte más allá; solamente querías viajar, estar con amigos, salir, andar de bar en bar...
—¿De eso se trata? ¿de un estúpido compromiso? 
—Era mi sueño, las mujeres de ahora no sueñan con eso sabes, pero para tu desgracia es lo que yo quería... y en su momento lo quería contigo.
—Entiendo... siempre fuimos egoístas. Bueno, ahí tienes tu recompensa. Hay que comer —le dije rabioso— Hay que comer —repetí resignado.

Sí, es verdad. Cuando hablaba de casarse, me ponía loquisimo. Yo no quería casarme, casándome no podía hacer las cosas que yo quería o al menos eso pensé en su momento. ¡Gran error! Las cosas que quería y al fin hice, hubiesen sido mejor estando a su lado; no solo como un completo idiota.

Terminamos el almuerzo casi sin mencionar más palabras. Tenía rabia, desesperanza, ahí estaba la mujer que pensé que sería mi amor por siempre, con un anillo de compromiso en el dedo; como si el anillo fuese un candado que me impidiera volver a tocarla más nunca, volver a besarla, volver a sentirla. 

—Bueno, supongo que eso fue todo por hoy —le dije sin remedio. 
—Sí, creo que sí... —me dijo mirándome sin aliento, estiró su mano en la mesa y le estiré la mía, la sujetó y dijo— pensé que no iba a volver a verte, me alegró muchísimo verte. ¿Vamos a llevarnos bien?
—Sí, vamos a llevarnos bien. Estoy muy feliz de que tus sueños se hagan realidad.
—Algunos sueños son mejores cuando se terminan Cristobal... tú eras uno de ellos —me dijo con voz cortada.
—Mi sueño no ha terminado, tú sigues siendo el mío Lisa.

Los hombres no expresamos sentimientos a no ser que sea la indicada o la que uno quiere, la que uno ama. Es muy difícil dejar ir pero es aún más difícil aferrarse, porque ahí está, sin ser nada, sin querer nada, aferrado a la mentira. No me duele dejarla ir, me duele quererla y saber que no estará conmigo, un día más, una oportunidad más.

Su celular sonó...

—Hola Angela... sí, estaba almorzando... ¿ya están los arreglos?... ¡me encanta! en un rato voy para allá y me lo pruebo... ¡por fin!, te veo al rato... okey, adiós —colgó y me miró— tengo que irme, tengo prueba de... —cortó de pronto— tengo que irme.
—Te deseo la mayor felicidad.
—Gracias Cristobal, que todos tus sueños se hagan realidad.
—Buscaré nuevos —le dije arrepentido— buscaré nuevos.

Se levantó de la mesa, tomó su bolso...
—¿La cuenta? ¿cuánto es?
—Yo pago, lo menos que puedo hacer es pagar —le dije.
—Muchas gracias —se acerco a mí, se agachó y me beso en la mejilla— gracias —me dijo de nuevo, le sonreí. El tiempo se paró.


* * *

—¡Lisa! —salí a la calle, volteó a verme. Crucé.
—¿Qué pasa? —podía sentir cómo latía su corazón y sus ojos empezaban a brillar.
—¿Es muy tarde?, por favor dime que no es muy tarde.
—Cristobal, por favor...
—¿Eres feliz? —le pregunté por milésima vez mientras negaba con la cabeza.
—Eso no importa, por favor, tengo que irme —se abría a su paso.
—Lisa no puedo, no puedo dejarte ir... volví a Bogotá por ti, ¡estoy desesperado!
—¿Por qué te fuiste? Es que... te fuiste, me dejaste sola.
—Lo siento, por favor... —la sostuve de los brazos— tienes que pensar las cosas, tienes que volver conmigo, las cosas serán mejor que nunca —lo pensó un momento, suspiró y me dijo.
—Todavía no te olvido, no pude después de todo este tiempo. Te amo Cristobal.

La abracé, la abracé de nuevo y mi alma se unió a su cuerpo como si fuese la primera vez, la besé y tome su rostro entre mis manos, ahí estaba la mujer que quería para siempre dándome una oportunidad. 

Tengo que pensar en cómo le vamos a decir a Arturo, cómo mi mamá se va a alegrar de verla, cómo ganarme a sus padres de nuevo. Volveremos y en unos meses se lo propondré, porque no quiero estar con nadie más, porque mis sueños no son sueños si no los puedo cumplir con ella, se lo diré. No va a importar lo que piense la gente, me ama y yo la amo eternamente. 

Nunca pensé que este día iba a terminar así, regocijándome de la alegría, de la felicidad, no volveré a fallar. Estaremos juntos siempre. Te amo también Lisa. 


* * *

—Mire la cuenta señor... —me dijo la mesera— señor, la cuenta —repitió.
—Pago con tarjeta —le dije.

martes, 28 de enero de 2020

Querida Ge

Fotografía de inspiración | Gema Vadillo @gemavadillo

Te dije que estaba perdido, desde el inicio sentí la necesidad de hacértelo saber de algún modo pero tú no lo veías, solamente estabas dispuesta a ver lo que querías; no lo que yo sentía. Aquel día que te conocí coincidimos en nuestro lugar, y no pensé que algo tan estúpido ¡Tan estúpido! Fuera a cambiar nuestras vidas, fue una pregunta existencial. Fue el clima.

Cuando te conocí no quería agradarte pero siempre fuiste tan insistente, tan única, tan plantada en tu lugar que te plantaste en el mío, aunque ni siquiera tenías por qué hacerlo y no debiste, no era el hombre que pensabas ni al que trataste de cambiar. Siempre fui yo, siempre fui el mismo, no entendiste que el estar vacío también es estar medio lleno; para mí.

Recuerdo todos los días que pasamos juntos y no me arrepiento pues de algo me agarré para haberte querido tanto, de esa fuerza que tenías para sobrellevar tu vida y al tiempo ayudarme a salir del hueco miserable en el que estaba, te lo agradecí muchas veces ¿recuerdas? Aún así no necesitaba tu ayuda. Siempre pude solo.

Te hice saber, te hice saber muchas veces el descontrol que sentía cuando discutíamos, cuando peleamos tanto que tus gritos golpeaban mi cabeza, yo no quería eso, para gritos tengo a mi madre, para el amor te tenía a ti, ¿por qué no lo entendiste? Siempre querías sumergiste en un pantano de suciedad para luego hacerme creer que era mi culpa el que salieras cubierta de lodo. No era mi culpa, siempre intenté limpiarte, tenerte clara como el agua.

Me faltó sinceridad para dejarte antes, y que tus santos me perdonen pero debí hacerlo cuando dijiste que yo no sería nadie sin ti, pues hoy estoy solo; solo como siempre he estado y así me siento mejor, sin latigarme por tu tristeza, todo quedó claro, todo lo dejamos en su punto y como tenía que ser. Terminado. Sé que duele Gema, a mí también.

Supe que no importaría lo que hiciera, tú no ibas a dejar de llorar, de querer acabar contigo, de pelear, de seguir peleando... ¿cuántas veces peleamos Gema?, ¿cuántas veces me heriste con tus palabras sin pensar?, ¿cuántas veces te viste tan acabada que quisiste acabar conmigo también? Quiero oírlo, quiero oír lo que tienes que decir sobre mí, al final vas a vivir sin mí. ¿Qué diablos quieres?

Recuerdo Diciembre...

Att: Querido Sam

Querido Sam

Fotografía de inspiración | Gema Vadillo @gemavadillo

Te recuerdo muy bien. Todavía tengo tu rostro en mi memoria, la primera vez que te vi; estabas distraído, ocultando el frío de aquel día bajo un suéter, esperando en la parada del autobús. Esa parada que con el tiempo nos esperaba todos los días. ¡Estaba tan asustada! No supe ni siquiera qué decir cuándo me preguntaste por qué el clima estaba tan oscuro, tan gris... casi te digo que era por mí.

Pasaron los días y nos conocimos en otro terreno, uno desconocido. Te aprendí a conocer tan bien que hasta pensé que teníamos una vida en común, ¿no era así? ¿no lo recuerdas? Tú cruzabas la puerta justo detrás de mí, estábamos hechos el uno para el otro. Tú y yo, todos los días, ¿no era así? Zarpaste sin mí.

Siempre esperábamos por nuevas oportunidades para caminar horas y horas, viendo cómo se alzaban nuevos edificios hacia el cielo, tan altos como las ganas de seguir. Mis ganas de seguir. Siempre nadé contra la corriente, no era lo que esperabas. Te quise solo para mí ¿ese fue mi error? ¿detener tus miedos? Esos miedos que no nos dejaron ser. Tan solo me faltó más coraje para aceptar que se había terminado, porque sabía que nada más podría derrumbarme en ese momento.

Diciembre, ¡qué mes! Solo dolor entre nosotros, no hacíamos otra cosa que pelear ¿por qué no paramos cuando nos vimos tan ahogados? ¿por qué esperar a tener el agua por los pies? A un momento de dejarnos sin hogar, y sin hogar nos quedamos. Todo se tornó tan húmedo, tan desgastado, tan acabado. Las paredes olían a porquería, ¿por qué Samuel?, ¿por qué no quisiste continuar?

Tus besos me iluminaban cuando en medio de la navidad me oscurecía, nos apagamos el uno al otro sin saberlo. Te recuerdo muy bien, "te quiero aquí está noche" y yo todas las noches. Siempre fue como quisiste, siempre fue hasta cruzar tu línea... jamás la mía, no lo intentaste si quiera. Me entregué, a cada instante y en cada momento; me entregué a querer salvarte de ti mismo y de tu vida de mierda ¿lo recuerdas bien?

Sé que sí...

No podría pasar otra noche así, con el agua por el rostro hasta dormir y despertar deseando solamente que llegue la noche para poder volver a descansar de vivir; de vivir sin ti. Sé que siempre fui egoísta, ni siquiera para quitarme la vida tendré valor... y sí que lo intenté. Nada más puede hacer que me derrumbe, todo dejó de importar.

Excepto tú, mi amor.

Att: Querida Ge